PRÓLOGO
No siempre me es posible opinar sobre un tema tan profundo y delicado como es el tratado en este libro escrito por Jesús Manuel Cogollo Ortega, fiel estudiante de la Sagrada Biblia, titulado BAJO EL MANTO DE LOS SUEÑOS. Sin embargo no puedo esquivar el compromiso adquirido de prologar su obra que me ha subyugado por su contenido propiciador de la Luz Divina y como testimonio de su poder de redención y salvación de nuestra pobre condición humana.
Sorprende sobremanera el estilo literario que utiliza su autor para dar ejemplo de su Fe cristiana. Su lectura nos hace creer que estamos ante un hecho cumplido cuando nos conduce a situaciones aparentemente reales que suceden en el entorno social, cultural y religioso, no siempre plácido ni cristiano de su ciudad nativa, Cereté, Departamento de Córdoba, Colombia, y otros lugares de la región.
Jesús Cogollo es entonces el visionario que presencia y vive los más insólitos e inesperados acontecimientos a cual más de peligrosos para su seguridad y la de sus amigos. Por ello, escudriña diariamente el escenario de su misión evangelizadora y lo hace con ojo avizor de la pobreza espiritual de su rebaño causada por su falta de religiosidad. Así descubre la forma de entregar a su audiencia su mensaje de alerta y prevención de males y castigos divinos: La proverbial de utilizar los fenómenos naturales como símbolos de la ira divina.
Bajo el Manto de los Sueños, es precisamente eso: Rayos y truenos, tempestades, sombras, apariciones nebulosas utilizadas por Jesús Cogollo en su empeño de tallar con el cincel de la Palabra el mensaje divino. Que concluya los diversos episodios que componen su obra, llamandolos sueños, es al final de cuentas, un método incomparable de composición y predicación cristiana convincente para una población de seres a cual más indiferentes al llamado que les hace.
Cuando Jesús Cogollo, el soñador, despierta de regreso de sus visiones, lo hace agradeciendo a Dios su regalo inspirador de sus predicaciones. Él sabe y siente que Dios lo ha hecho merecedor de su confianza y por lo tanto mensajero de sus ordenanzas. Bien podemos afirmar que lo aparentemente irreal de los acontecimientos malévolos que presencia dentro del marco de su imaginación, es lo más real de su narrativa. Persecuciones, arrebatos sexuales, ultrajes físicos, peleas callejeras, intentos de asesinato, ahogamientos, disturbios callejeros, embriaguez, sequias, escasez de buena pesca, en fin, calamidades humanas innegables, todo ello constituye la piedra del suplicio del pueblo que Jesús Cogollo desea rescatar para conducirlo al paraíso celestial.
Qué bien sabe él traducir tan dura realidad en visiones de castigos terribles de no entender el mensaje que propicia de ser el portador de la Luz eterna. Es precisamente el Supremo Creador con todo su poder y a través de Jesucristo y de su fiel predicador, que su mensaje llega envuelto en El Manto de los Sueños, la Veritas Veritatis de la palabra divina. Su aprendizaje debe ser el medio que aparte de nuestra existencia el peligroso obstáculo de la indiferencia que la niega.
Joseph Berolo
Bogotá, Colombia
Febrero de 2011
No siempre me es posible opinar sobre un tema tan profundo y delicado como es el tratado en este libro escrito por Jesús Manuel Cogollo Ortega, fiel estudiante de la Sagrada Biblia, titulado BAJO EL MANTO DE LOS SUEÑOS. Sin embargo no puedo esquivar el compromiso adquirido de prologar su obra que me ha subyugado por su contenido propiciador de la Luz Divina y como testimonio de su poder de redención y salvación de nuestra pobre condición humana.
Sorprende sobremanera el estilo literario que utiliza su autor para dar ejemplo de su Fe cristiana. Su lectura nos hace creer que estamos ante un hecho cumplido cuando nos conduce a situaciones aparentemente reales que suceden en el entorno social, cultural y religioso, no siempre plácido ni cristiano de su ciudad nativa, Cereté, Departamento de Córdoba, Colombia, y otros lugares de la región.
Jesús Cogollo es entonces el visionario que presencia y vive los más insólitos e inesperados acontecimientos a cual más de peligrosos para su seguridad y la de sus amigos. Por ello, escudriña diariamente el escenario de su misión evangelizadora y lo hace con ojo avizor de la pobreza espiritual de su rebaño causada por su falta de religiosidad. Así descubre la forma de entregar a su audiencia su mensaje de alerta y prevención de males y castigos divinos: La proverbial de utilizar los fenómenos naturales como símbolos de la ira divina.
Bajo el Manto de los Sueños, es precisamente eso: Rayos y truenos, tempestades, sombras, apariciones nebulosas utilizadas por Jesús Cogollo en su empeño de tallar con el cincel de la Palabra el mensaje divino. Que concluya los diversos episodios que componen su obra, llamandolos sueños, es al final de cuentas, un método incomparable de composición y predicación cristiana convincente para una población de seres a cual más indiferentes al llamado que les hace.
Cuando Jesús Cogollo, el soñador, despierta de regreso de sus visiones, lo hace agradeciendo a Dios su regalo inspirador de sus predicaciones. Él sabe y siente que Dios lo ha hecho merecedor de su confianza y por lo tanto mensajero de sus ordenanzas. Bien podemos afirmar que lo aparentemente irreal de los acontecimientos malévolos que presencia dentro del marco de su imaginación, es lo más real de su narrativa. Persecuciones, arrebatos sexuales, ultrajes físicos, peleas callejeras, intentos de asesinato, ahogamientos, disturbios callejeros, embriaguez, sequias, escasez de buena pesca, en fin, calamidades humanas innegables, todo ello constituye la piedra del suplicio del pueblo que Jesús Cogollo desea rescatar para conducirlo al paraíso celestial.
Qué bien sabe él traducir tan dura realidad en visiones de castigos terribles de no entender el mensaje que propicia de ser el portador de la Luz eterna. Es precisamente el Supremo Creador con todo su poder y a través de Jesucristo y de su fiel predicador, que su mensaje llega envuelto en El Manto de los Sueños, la Veritas Veritatis de la palabra divina. Su aprendizaje debe ser el medio que aparte de nuestra existencia el peligroso obstáculo de la indiferencia que la niega.
Joseph Berolo
Bogotá, Colombia
Febrero de 2011


