El deseo de mejorar las instituciones escolares ocupa un lugar preeminente en el orden del día de los gobiernos, pero ¿qué queremos realmente para nuestras niñas y niños? ¿Debe obsesionarse la educación con lograr un rendimiento alto, por ejemplo en matemáticas, descuidando la formación de estudiantes socialmente responsables, creativos y entusiastas? Los centros de enseñanza tienen que comprometerse con cuestiones de ciudadanía democrática, pensamiento crítico, creatividad y comunidad: el éxito, en el sentido más amplio. La juventud está creciendo en un mundo conflictivo y globalizado en el que los cambios se producen con gran rapidez. Necesitan instituciones educativas en las que se sientan bienvenidos, colegios que asuman la esperanza de un futuro mejor, en los que las interacciones democráticas sean la norma, centros comprometidos con la justicia social.
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