Escrita bajo la premisa de “La poesía no existe / Existe la corrosiva necesidad de vomitar las entrañas”, en Bitácora de un desaparecido el desgarramiento y la convulsión delatan “un mundo de dolor constante”, un entorno que es “un malentendido sin secuencia alguna”. En ella el delirio ilumina con la luz del ser las más oscuras percepciones y el arrebato se expresa en palabras severas y negras (pero también hondas y honestas), desatadas al interrogarse a las zonas más recónditas de la conciencia así como a la inmediatez adversa. En suma, es revelación sensible de la herida profunda –esa escisión entre las pulsiones y la realidad, origen de todo caos interior– que el hombre exhibe en la sociedad contemporánea que es, según han observado diversos teóricos, una forma de la esquizofrenia. ALEQS GARRIGÓZ
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