"Anéken me preguntó si tenía miedo al fuego. Saqué del fuego una brasa y me la coloqué en el brazo. Casi enseguida la apartó y pareció satisfecho. Pronto la seriedad de la reunión dio lugar a tranquila charla y risas contenidas”
Ese relato y una foto inspiraron esta novela que transcurre a mediados del
siglo XIX y se mueve entre dos mundos.
Estancieros y colonos del interior del país, enfrentados con indios bravos que
venían del Sur. Hombres y mujeres de uno y otro lado, que debieron convivir,
aprender y olvidar.
Pocos cronistas se han dedicado a hablar, de esta manera, sobre la formidable aventura humana que significó la conquista del Desierto en Buenos Aires, Argentina, desde el punto de vista de lo cotidiano.
La historia grande está basada en hechos reales y también las descripciones,
muy detalladas, de la vida cotidiana en las tierras de los indios manzaneros.
Sus dioses y sus bailes, sus comidas, la forma que tenían de divertirse y la
extrema bravura de sus guerreros, los mejores de nuestra historia. Por el lado
de la civilización veremos desfilar hombres y mujeres que iban de la vida
peligrosa en la frontera a la opulencia de una clase social rica y educada. Sus
palacetes, sus viajes y sus pasiones.
Se nos harán familiares sus nombres y sus rangos. Sufriremos y gozaremos
con ellos el momento histórico que les ha tocado vivir. El cruce de
sus destinos aparentemente tan distintos y la inocencia con la que,
definitivamente, fueron los testigos privilegiados del final de una época en el
término apretado de sus propias vidas, como nunca había pasado antes.
Felicitas e Inacayal, entre todos los otros, aprendieron que la sangre era
del mismo color y cada comunidad tenía sus dolores y sus festejos, sellados
por un lado por el avance de la civilización y por otro, por el respeto y la
admiración, mezclados con el miedo que tenía el hombre blanco ante los
dueños del fin del mundo.
Todo empieza con una fiesta de la cosecha en una estancia y un malón
que llega, destruye y se lleva cosas y cautivos. La historia va y viene entre
dos mundos y dos épocas. Sólo podría haber pasado, tal como se cuenta,
en aquella época de cristales y colores, de cambios profundos y pasiones irrepetibles.
Ese relato y una foto inspiraron esta novela que transcurre a mediados del
siglo XIX y se mueve entre dos mundos.
Estancieros y colonos del interior del país, enfrentados con indios bravos que
venían del Sur. Hombres y mujeres de uno y otro lado, que debieron convivir,
aprender y olvidar.
Pocos cronistas se han dedicado a hablar, de esta manera, sobre la formidable aventura humana que significó la conquista del Desierto en Buenos Aires, Argentina, desde el punto de vista de lo cotidiano.
La historia grande está basada en hechos reales y también las descripciones,
muy detalladas, de la vida cotidiana en las tierras de los indios manzaneros.
Sus dioses y sus bailes, sus comidas, la forma que tenían de divertirse y la
extrema bravura de sus guerreros, los mejores de nuestra historia. Por el lado
de la civilización veremos desfilar hombres y mujeres que iban de la vida
peligrosa en la frontera a la opulencia de una clase social rica y educada. Sus
palacetes, sus viajes y sus pasiones.
Se nos harán familiares sus nombres y sus rangos. Sufriremos y gozaremos
con ellos el momento histórico que les ha tocado vivir. El cruce de
sus destinos aparentemente tan distintos y la inocencia con la que,
definitivamente, fueron los testigos privilegiados del final de una época en el
término apretado de sus propias vidas, como nunca había pasado antes.
Felicitas e Inacayal, entre todos los otros, aprendieron que la sangre era
del mismo color y cada comunidad tenía sus dolores y sus festejos, sellados
por un lado por el avance de la civilización y por otro, por el respeto y la
admiración, mezclados con el miedo que tenía el hombre blanco ante los
dueños del fin del mundo.
Todo empieza con una fiesta de la cosecha en una estancia y un malón
que llega, destruye y se lleva cosas y cautivos. La historia va y viene entre
dos mundos y dos épocas. Sólo podría haber pasado, tal como se cuenta,
en aquella época de cristales y colores, de cambios profundos y pasiones irrepetibles.


