Quiero en primer lugar formular mi más profundo agradecimiento a mi esposa María Isabel Rubio y a mis hijos, Mario, Martín y Mariano, así como a mi madre, Maria Teresa Jurado Saá, a quienes en interminables tardes, mañanas y noches apabullé con mis ideas, lecturas y pedidos de consejos, dejando en claro que nada sería de lo que soy, malo o bueno, si no fuera por ellos y el amor que me depararon.
Debo de aclarar al lector que dos cuentos que acompañan esta pequeña obra, tal cual la firma que al pie de los mismos los identifican, fueron escritos por mis hijos Mariano y Martín, en su adolescencia, con la frescura que esos años reflejan.
Quiero agradecer el apoyo e impulso que me brindó para que siguiera escribiendo a mi profesora y maestra Eugenia Bransen de Reznik y a su querida familia.
Por otra parte no puedo dejar de mencionar, además de la innumerable cantidad de amigos, la colaboración brindada por mi amiga, la Profesora en Filosofía y Letras Nélida Bravo de Breglia
Debo de aclarar al lector que dos cuentos que acompañan esta pequeña obra, tal cual la firma que al pie de los mismos los identifican, fueron escritos por mis hijos Mariano y Martín, en su adolescencia, con la frescura que esos años reflejan.
Quiero agradecer el apoyo e impulso que me brindó para que siguiera escribiendo a mi profesora y maestra Eugenia Bransen de Reznik y a su querida familia.
Por otra parte no puedo dejar de mencionar, además de la innumerable cantidad de amigos, la colaboración brindada por mi amiga, la Profesora en Filosofía y Letras Nélida Bravo de Breglia


