Los versos de Miriam Miki González, Miki, son de otro mundo. De una dimensión de tonos rojizos y anaranjados como una puesta de sol, donde la Libertad no está en el contenido de los poemas solo empieza en la primera letra y sigue después de la última. Son el sueño real de una irrealidad soñada y que sólo Miki percibe.
Los versos de la poeta adoran la loca luna, aman la estrella estrellada, al sol, volcán colosal de vida, a la madrugada siempre leal, el atardecer soñoliento, la negrura de la noche rápida.
En Ítaca comen aceitunas y escarban las cumbres nevadas, con un sombrero de margaritas naranjas. Lucen un ramo hecho de azahar, con una ramita de romero y unas hojas sueltas de salvia.
Se bañan en las lagunas puras, donde es invisible el agua, rodeados de sirenas niñas que cantan baladas de paz, mientras nadan con gestos de bailarinas y una sonrisa clara. Son, en el desierto duna, árbol viejo en la montaña, una loba rodeada de crías, arena convertida en cristal, un reloj escondido en el tiempo y en el fuego hogareño, pelirroja llama.
A la poesía de Miki, le gusta andar desnuda, siquiera unas sandalias. Mojar, con el agua fría de un mágico manantial, las medias lunas de sus pechos para saludar al alba.
Es, la bruja buena bruja, lujuria, vestida de gasas, sensualidad de la que hechiza. Es espuma en la mar y la imagen del espejo que devuelve, fija, la mirada. La libre libertad de la locura, el final de todas las castas, lo bendito del agua bendita, también la pila bautismal y los ensalmos basados en todo y en nada.
Adoraba la loca luna
Y la luna loca la cuidaba.
Lujuria, vestida de gasas,
Heroína de los tiempos duros
Y perfume de rosa blanca.
Miguel Rubio Artiaga.
Los versos de la poeta adoran la loca luna, aman la estrella estrellada, al sol, volcán colosal de vida, a la madrugada siempre leal, el atardecer soñoliento, la negrura de la noche rápida.
En Ítaca comen aceitunas y escarban las cumbres nevadas, con un sombrero de margaritas naranjas. Lucen un ramo hecho de azahar, con una ramita de romero y unas hojas sueltas de salvia.
Se bañan en las lagunas puras, donde es invisible el agua, rodeados de sirenas niñas que cantan baladas de paz, mientras nadan con gestos de bailarinas y una sonrisa clara. Son, en el desierto duna, árbol viejo en la montaña, una loba rodeada de crías, arena convertida en cristal, un reloj escondido en el tiempo y en el fuego hogareño, pelirroja llama.
A la poesía de Miki, le gusta andar desnuda, siquiera unas sandalias. Mojar, con el agua fría de un mágico manantial, las medias lunas de sus pechos para saludar al alba.
Es, la bruja buena bruja, lujuria, vestida de gasas, sensualidad de la que hechiza. Es espuma en la mar y la imagen del espejo que devuelve, fija, la mirada. La libre libertad de la locura, el final de todas las castas, lo bendito del agua bendita, también la pila bautismal y los ensalmos basados en todo y en nada.
Adoraba la loca luna
Y la luna loca la cuidaba.
Lujuria, vestida de gasas,
Heroína de los tiempos duros
Y perfume de rosa blanca.
Miguel Rubio Artiaga.


