¿Oyes el extraño murmullo de los hecatónquiros? Con sus cincuenta cabezas y cien brazos, salen por las noches y asustan a los niños que aún están despiertos…
Laura los conoce y, con ellos, camina por los senderos de la infancia y hacia el despertar de la adolescencia, rodeada de un mundo mágico y una realidad que la asusta. En medio de los prejuicios y tabúes de una época, ella crece entre los juegos infantiles y los cuentos fantásticos de Ma´Celina, su bisabuela. El traslado de Caracas a la ciudad provinciana de Barquisimeto agudiza su curiosidad, mientras que el ingenuo caudal de sus emociones se estremece frente a la muerte de la bisabuela, las mascotas y, finalmente, el padre. Los secretos, susurros y pesadillas estimulan su imaginación y sus miedos. Los monstruos andan sueltos y a la caza de niños traviesos. Ella no lo es tanto, no obstante, los escucha. ¿Dónde se esconden?
A través de la percepción de la protagonista y las largas conversaciones con su madre, la historia evoca los valores familiares de esos años, la belleza y candidez de las vivencias infantiles y las necesidades afectivas de los niños. Ellos crean su propio mundo. Pero a veces, la sombra de los temores opaca su brillo. Sin embargo, la vida continúa y aflora amplia y maravillosa.
Laura los conoce y, con ellos, camina por los senderos de la infancia y hacia el despertar de la adolescencia, rodeada de un mundo mágico y una realidad que la asusta. En medio de los prejuicios y tabúes de una época, ella crece entre los juegos infantiles y los cuentos fantásticos de Ma´Celina, su bisabuela. El traslado de Caracas a la ciudad provinciana de Barquisimeto agudiza su curiosidad, mientras que el ingenuo caudal de sus emociones se estremece frente a la muerte de la bisabuela, las mascotas y, finalmente, el padre. Los secretos, susurros y pesadillas estimulan su imaginación y sus miedos. Los monstruos andan sueltos y a la caza de niños traviesos. Ella no lo es tanto, no obstante, los escucha. ¿Dónde se esconden?
A través de la percepción de la protagonista y las largas conversaciones con su madre, la historia evoca los valores familiares de esos años, la belleza y candidez de las vivencias infantiles y las necesidades afectivas de los niños. Ellos crean su propio mundo. Pero a veces, la sombra de los temores opaca su brillo. Sin embargo, la vida continúa y aflora amplia y maravillosa.


