La belleza del haikú radica en que es una fugaz pincelada del pensamiento, que abre una ventana hacia un sinfín de ideas, experiencias, descripciones, fantasías, etc. Mas que con cualquier otra forma de poseía que lleva implícita la marca del autor en fondo y forma, el haikú solo recorre un resquicio de la realidad por donde quién lo conoce se asoma y ve el mundo desde su perspectiva, haciéndolo por tanto creador de su propia interpretación. Esta figuración permite que esta forma sencilla de poesía se víncule en algunos momentos de una manera mas íntima que las expresiones mas complejas y en cierto sentido adquiere una presencia en la vida cotidiana pues si por una parte en si misma no necesariamente encierra respuestas, sugiere por otra puertas de entrada a los caminos que a ellas llevan o de donde proceden. Al mismo tiempo el haikú tiene un dejo enigmático en su estructura sencilla pero críptica que se destila del subconsciente del autor.
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