A mi forma de verlo, todo escritor de oficio es en esencia, un total egocéntrico y un gran farsante. De lo primero hay que alejarse desesperadamente: pocas cosas hay tan lamentables, como un aspirante a escritor tratando de magnificar su gris vida, repartiéndola entre un poco de personajes o relatos en “biografías ficcionadas”, como si su trayectoria al estar contenida en un libro, adquiriese repentinamente la relevancia que nunca tuvo… Si, como se ha dicho, el escritor no puede evitar escribir de sí mismo y de lo que ha vivido… ¿Por qué debería hostigar a los lectores haciéndolo deliberadamente? Y con respecto a lo segundo… hay que darle vida a esa gran farsa llamada literatura.
Todo relato de ficción – llámese como se llame - es en sí mismo una mentira destinada a convertirse en tantas realidades como lectores le den vida. Al comienzo de mis desordenadas lecturas, pude tener mis propios escenarios de otras épocas, lugares y personas: fui un niño negro de la costa atlántica de mi país, empujado a vivir singular odisea, por amor a una rosa y tuve digna sepultura en el recién inaugurado cementerio de Macondo. Asalté galeones junto a crueles piratas y crucé media Rusia en azaroso viaje junto al correo del zar. Estuve con la familia Finch en un juzgado del sofocante condado de Maycomb y hasta pude asistir a reuniones secretas del clan Corleone, después de desayunar en “Tiffany´s”… No podría expresar con palabras el agradecimiento por lo que los grandes escritores me han hecho vivir, desde que toqué un libro por primera vez…
Esta pequeña obra de seis relatos cortos, persigue ese único fin: que el lector saque a los personajes del extraño universo donde vegetan ociosos y con su lectura e imaginación, les dé el aliento de vida que necesitan y – aunque sea por un instante - ría, llore, sufra, muera y resucite con ellos en un mundo donde, como nada existe… todo es eterno.
Con cariño
Randall Rankin M.
Todo relato de ficción – llámese como se llame - es en sí mismo una mentira destinada a convertirse en tantas realidades como lectores le den vida. Al comienzo de mis desordenadas lecturas, pude tener mis propios escenarios de otras épocas, lugares y personas: fui un niño negro de la costa atlántica de mi país, empujado a vivir singular odisea, por amor a una rosa y tuve digna sepultura en el recién inaugurado cementerio de Macondo. Asalté galeones junto a crueles piratas y crucé media Rusia en azaroso viaje junto al correo del zar. Estuve con la familia Finch en un juzgado del sofocante condado de Maycomb y hasta pude asistir a reuniones secretas del clan Corleone, después de desayunar en “Tiffany´s”… No podría expresar con palabras el agradecimiento por lo que los grandes escritores me han hecho vivir, desde que toqué un libro por primera vez…
Esta pequeña obra de seis relatos cortos, persigue ese único fin: que el lector saque a los personajes del extraño universo donde vegetan ociosos y con su lectura e imaginación, les dé el aliento de vida que necesitan y – aunque sea por un instante - ría, llore, sufra, muera y resucite con ellos en un mundo donde, como nada existe… todo es eterno.
Con cariño
Randall Rankin M.


