En La danta que hizo dugú se vuelcan las experiencias vitales y relatos que su autor, Mario Gallardo, recolectó y examinó a lo largo de más de diez años de investigación de campo en la localidad de Masca, departamento de Cortés, hasta integrar un corpus narrativo que fue validado en otras comunidades garífunas de la zona norte de Honduras; un auténtico calidoscopio narrativo que viaja a épocas pretéritas para intentar proyectarse al presente a través de relatos que, a pesar de ser maravillosos e improbables, se narran con completa buena fe, puesto que están destinados, o así lo creen los informantes, a explicar por medio de algo concreto e inteligible, una idea abstracta, conceptos tan difíciles y vagos como el de creación y muerte, las distinciones de razas o especies animales y las diferentes ocupaciones de hombres y mujeres, los orígenes de ritos y de costumbres así como los ámbitos en que se mueve toda una pléyade de seres sobrenaturales, que por su diversidad recuerda a los bestiarios medievales o al Libro de los Seres Imaginarios de Borges.
Estas narraciones revelan que, a lo largo de su historia, el garífuna ha aprendido a convivir con estos seres, comprende sus exigencias, conoce sus formas y hábitos más peculiares y, obligado por su presencia, ha desarrollado defensas y remedios contra posibles hechizos o las agresiones más flagrantes. Sin lugar a dudas, estamos ante un universo mitológico extremadamente coherente que utiliza a la tradición oral como el vínculo que lo transmite y justifica. Sin restar importancia al relato histórico o a las narraciones personales, es en el mito y en el relato etiológico donde la tradición oral garífuna expresa con mayor riqueza de elementos la compleja dimensión de su universo. Representan la manifestación concreta de creencias, sentimientos y presentimientos de los garífunas con referencia a la muerte y al “más allá”, que se conjugan y constituyen una estructura extensa y coherente que corresponde a una realidad cultural definida. En suma, estos mitos son un todo orgánico, el explícito desarrollo en forma de narración de elementos fundamentales del imaginario cultural garífuna.
Estas narraciones revelan que, a lo largo de su historia, el garífuna ha aprendido a convivir con estos seres, comprende sus exigencias, conoce sus formas y hábitos más peculiares y, obligado por su presencia, ha desarrollado defensas y remedios contra posibles hechizos o las agresiones más flagrantes. Sin lugar a dudas, estamos ante un universo mitológico extremadamente coherente que utiliza a la tradición oral como el vínculo que lo transmite y justifica. Sin restar importancia al relato histórico o a las narraciones personales, es en el mito y en el relato etiológico donde la tradición oral garífuna expresa con mayor riqueza de elementos la compleja dimensión de su universo. Representan la manifestación concreta de creencias, sentimientos y presentimientos de los garífunas con referencia a la muerte y al “más allá”, que se conjugan y constituyen una estructura extensa y coherente que corresponde a una realidad cultural definida. En suma, estos mitos son un todo orgánico, el explícito desarrollo en forma de narración de elementos fundamentales del imaginario cultural garífuna.


