Este libro tiene un contexto único. Lo que aquí leerás son mis vivencias en un taller de crecimiento personal especial, muy especial. Las cuento a modo de diario, en primera persona.
Créeme si te digo que este taller es lo mejor que he hecho por mí en mis cuarenta y dos años de vida. Y estoy contento y orgulloso, muy orgulloso, de haberlo hecho.
Verás que el libro que tienes delante está escrito directamente desde el corazón. Lo sentirás. Lo sé. Porque aquí te muestro, desde la más íntima sinceridad, vivencias, pensamientos y sentimientos que son míos y sólo míos. Pero también encontrarás referencias a terceros. A veces, los sentirás conocidos porque su relación conmigo aparece explícita. Otras veces, lo sentirás anónimos porque sólo se presentan como una voz o como una reflexión mía. En cualquiera de los dos casos, esos terceros también soy yo. O mejor, mi punto de vista de lo que su ser o su estar me provocaron y me hicieron sentir. Es bien posible que si pudiésemos preguntarles, si pudiésemos escucharles, su historia sería bien distinta. Pero esa, sin duda, será su historia. Y yo me limito a hablar de la mía. De mi historia.
Además, quiero decirte que éste no es un libro de verdades. No, no lo es. Es, ante todo, un libro de susurros. Los míos. De errores. Los que yo he cometido. De historias. Las que yo he escuchado. De lecciones. Las que yo he aprendido. Aquí no encontrarás verdades universales. Ni conclusiones particulares. Ni teorías académicas. Aquí sólo me encontrarás a mí. Y quizás, quien sabe, también encuentres algo de ti que está en mí.
Y todo esto lo comparto porque como hombre quiero sentirme libre. Verdaderamente libre. Quiero sentirme auténtico. Y coherente. Sentirme exento de vergüenza. Sin esconderme. No quiero esconder quién soy ni lo que hago ni lo que pienso ni lo que siento. No. No quiero. Lo he hecho toda mi vida. Cautivo por la necesidad de agradar a los demás. Y he decidido cambiar. Para ser yo. Para agradarme a mí. Ante todo, para agradarme a mí.
Y también, porque no, porque mi simple compartir puede resultarte de ayuda a ti. Quien lee. Igual que me resultó de ayuda a mí. Quien escribió. Y, así lo siento, disfruto ayudando.
Otra cosa importante. Quizás encuentres palabras o situaciones que te resulten duras. O difíciles. O vergonzosas. Palabras y situaciones que te hagan reír. O llorar. O encolerizarte. Si es así, te pido que las aceptes igual que yo las escribí. Con espontaneidad. Que las dejes pasar sin juicio. Sin rencor. Sin pudor. Y que las acojas con amor. Con mucho amor. Sobre todo, que las acojas con mucho amor. El tuyo, tu amor. Y el mío, mi amor.
Antes de empezar, unas palabras de agradecimiento. Son muchas las personas que me han acompañado, de una manera o de otra, durante todos estos meses. Y que han hecho posible mi experiencia y mis vivencias. Me gustaría escribir vuestros nombres, uno tras otro, y daros las gracias y deciros que os quiero y que soy y seré eternamente vuestro. Pero no lo voy a hacer. No uno a uno como me gustaría. Sino en grupo. Así, mantengo vuestro anonimato y vuestra intimidad. Así, os doy las gracias públicamente. Y permito que mi agradecimiento acompañe siempre el recuerdo de mi caminar.
Gracias, mis compañeros hombres libres. Gracias, mujeres libres. Gracias, abuelos, padres, hermanos e hijo. Gracias, mujeres de mi vida. Gracias, amigos y compañeros de trabajo. Gracias, por vuestra música y vuestras letras. Y gracias especiales para ti, mujer. Tú que me acompañaste en este camino especial. Primero con tu presencia y luego con tu ausencia.
Créeme si te digo que este taller es lo mejor que he hecho por mí en mis cuarenta y dos años de vida. Y estoy contento y orgulloso, muy orgulloso, de haberlo hecho.
Verás que el libro que tienes delante está escrito directamente desde el corazón. Lo sentirás. Lo sé. Porque aquí te muestro, desde la más íntima sinceridad, vivencias, pensamientos y sentimientos que son míos y sólo míos. Pero también encontrarás referencias a terceros. A veces, los sentirás conocidos porque su relación conmigo aparece explícita. Otras veces, lo sentirás anónimos porque sólo se presentan como una voz o como una reflexión mía. En cualquiera de los dos casos, esos terceros también soy yo. O mejor, mi punto de vista de lo que su ser o su estar me provocaron y me hicieron sentir. Es bien posible que si pudiésemos preguntarles, si pudiésemos escucharles, su historia sería bien distinta. Pero esa, sin duda, será su historia. Y yo me limito a hablar de la mía. De mi historia.
Además, quiero decirte que éste no es un libro de verdades. No, no lo es. Es, ante todo, un libro de susurros. Los míos. De errores. Los que yo he cometido. De historias. Las que yo he escuchado. De lecciones. Las que yo he aprendido. Aquí no encontrarás verdades universales. Ni conclusiones particulares. Ni teorías académicas. Aquí sólo me encontrarás a mí. Y quizás, quien sabe, también encuentres algo de ti que está en mí.
Y todo esto lo comparto porque como hombre quiero sentirme libre. Verdaderamente libre. Quiero sentirme auténtico. Y coherente. Sentirme exento de vergüenza. Sin esconderme. No quiero esconder quién soy ni lo que hago ni lo que pienso ni lo que siento. No. No quiero. Lo he hecho toda mi vida. Cautivo por la necesidad de agradar a los demás. Y he decidido cambiar. Para ser yo. Para agradarme a mí. Ante todo, para agradarme a mí.
Y también, porque no, porque mi simple compartir puede resultarte de ayuda a ti. Quien lee. Igual que me resultó de ayuda a mí. Quien escribió. Y, así lo siento, disfruto ayudando.
Otra cosa importante. Quizás encuentres palabras o situaciones que te resulten duras. O difíciles. O vergonzosas. Palabras y situaciones que te hagan reír. O llorar. O encolerizarte. Si es así, te pido que las aceptes igual que yo las escribí. Con espontaneidad. Que las dejes pasar sin juicio. Sin rencor. Sin pudor. Y que las acojas con amor. Con mucho amor. Sobre todo, que las acojas con mucho amor. El tuyo, tu amor. Y el mío, mi amor.
Antes de empezar, unas palabras de agradecimiento. Son muchas las personas que me han acompañado, de una manera o de otra, durante todos estos meses. Y que han hecho posible mi experiencia y mis vivencias. Me gustaría escribir vuestros nombres, uno tras otro, y daros las gracias y deciros que os quiero y que soy y seré eternamente vuestro. Pero no lo voy a hacer. No uno a uno como me gustaría. Sino en grupo. Así, mantengo vuestro anonimato y vuestra intimidad. Así, os doy las gracias públicamente. Y permito que mi agradecimiento acompañe siempre el recuerdo de mi caminar.
Gracias, mis compañeros hombres libres. Gracias, mujeres libres. Gracias, abuelos, padres, hermanos e hijo. Gracias, mujeres de mi vida. Gracias, amigos y compañeros de trabajo. Gracias, por vuestra música y vuestras letras. Y gracias especiales para ti, mujer. Tú que me acompañaste en este camino especial. Primero con tu presencia y luego con tu ausencia.


