Alex Montoya es un brillante científico, ingeniero robótico y empresario, descendiente de una familia de empresarios y científicos de éxito. Pero sobre todo es un hombre osado, capaz de desafiar las barreras tecnológicas y presupuestarias que confinan el turismo espacial dentro de la órbita de la luna en los últimos años del séptimo decenio del siglo XXI. Su objetivo es fundar una empresa capaz de construir infraestructuras hoteleras en Marte y en las lunas de Júpiter y quizá más allá, en base a novedosos sistemas de propulsión capaces de acortar sustancialmente la duración de los viajes, abaratando en consecuencia su coste.
No está solo. Cuenta con un nutrido y cualificado grupo de amigos formados en múltiples ramas de la ciencia, ingeniería y economía, su propio abuelo creador de una empresa de referencia en la impresión 3D y unos misteriosos inversores anónimos dispuestos a financiar a fondo perdido la iniciativa.
¿Un visionario? Lo es para muchos de sus colaboradores. Pero su decisión y capacidad de convencimiento les enrola a todos en una aventura de la que ninguno de ellos podrá siquiera entrever su sorprendente final.
Ante ti tienes una novela de ciencia ficción, sí, en el exacto sentido del término, en el sentido Verne, Clarke y muchos otros, una novela que trata de anticiparnos un futuro cercano científicamente probable. Y así es aunque se expongan algunas ideas que pudiéramos considerar demasiado innovadoras para la ortodoxia científica actual, o incluso inmediatamente rechazables a la luz de los conocimientos empíricos establecidos. Pero no busquéis en ella batallitas, no hallaréis viajes interestelares a velocidades y aceleraciones incoherentes, ya no digo imposibles. Este relato es la que nos presenta una España muy próxima en el tiempo, ciertamente avanzada tecnológicamente, ocupando un papel trascendental para la ciencia mundial y siendo rotundamente decisiva en el devenir de unos acontecimientos que podrían cambiar el curso de la historia de la Humanidad.
Quizá a fuerza de imaginar ese futuro consigamos trabajar todos en la dirección adecuada para conseguirlo.
No está solo. Cuenta con un nutrido y cualificado grupo de amigos formados en múltiples ramas de la ciencia, ingeniería y economía, su propio abuelo creador de una empresa de referencia en la impresión 3D y unos misteriosos inversores anónimos dispuestos a financiar a fondo perdido la iniciativa.
¿Un visionario? Lo es para muchos de sus colaboradores. Pero su decisión y capacidad de convencimiento les enrola a todos en una aventura de la que ninguno de ellos podrá siquiera entrever su sorprendente final.
Ante ti tienes una novela de ciencia ficción, sí, en el exacto sentido del término, en el sentido Verne, Clarke y muchos otros, una novela que trata de anticiparnos un futuro cercano científicamente probable. Y así es aunque se expongan algunas ideas que pudiéramos considerar demasiado innovadoras para la ortodoxia científica actual, o incluso inmediatamente rechazables a la luz de los conocimientos empíricos establecidos. Pero no busquéis en ella batallitas, no hallaréis viajes interestelares a velocidades y aceleraciones incoherentes, ya no digo imposibles. Este relato es la que nos presenta una España muy próxima en el tiempo, ciertamente avanzada tecnológicamente, ocupando un papel trascendental para la ciencia mundial y siendo rotundamente decisiva en el devenir de unos acontecimientos que podrían cambiar el curso de la historia de la Humanidad.
Quizá a fuerza de imaginar ese futuro consigamos trabajar todos en la dirección adecuada para conseguirlo.


