El mundo actual es de relaciones de poder en el campo económico, político, tecnológico y cultural; apenas abre espacios a la verdad, a la justicia y a la igualdad de oportunidades. Hemos construido como Humanidad, una visión de la sociedad del éxito que no nos prepara para el fracaso o la frustración. Esto es derivado de una concepción teleológica del progreso falsa, incompleta, pero este proceso tiene zigzaguees y hay que entenderlo crítica, integral y concretamente. Las personas y colectividades no podemos continuar siendo simples espectadores de lo que sucede a nuestro alrededor, mientras el declive del mundo humano y del mundo natural se nos viene encima; tenemos la misión indelegable de tomar las riendas del protagonismo, de la crítica oportuna y del buen hacer hacia el cambio fecundo. He ahí una lucha que necesita ser fraguada, que precisa incorporar nuevas tropas, que debe ser concretada inmediata y estratégicamente a favor de la dignificación humana.
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