¿Qué pasaría si descubrieras que todo lo que te han hecho creer es mentira?
Una poderosa fuerza y los medios de comunicación se confabulan para distraerte, porque la historia universal está plagada de plagios y mentiras.
Hoy sabemos con certeza que Thomas Alba Edison no inventó el foco, ni fueron las patentes de Guglielmo Marconi las que derivaron el descubrimiento de la radio. Graham Bell no inventó el teléfono y Tomaso Albinoni no escribió su famoso Adagio. No existió el barco norteamericano que supuestamente atacaron los vietnamitas, y que se utilizó como mentira mediática para librar una guerra absurda, así como tampoco existieron las pretendidas armas biológicas que sirvieron cual excusa para invadir Irak. Einstein no fue el auténtico creador de la teoría de la relatividad, Cristóbal Colón no descubrió por primera vez América, y los palestinos siempre fueron buenos hermanos de los auténticos judíos, muy lejos de ser sus verdaderos enemigos.
Se suele decir que la realidad supera la ficción. ¿Dónde empieza la ciencia y dónde acaba la ficción? En las páginas contenidas en este libro el lector deberá
estar muy atento, ya que la línea divisoria está irremediablemente desdibujada, como lógica consecuencia de pretender investigar entre líneas, los hechos que en la historia de la humanidad en realidad se han suscitado.
Esta novela podrá gustarte, posiblemente la odies, pero después de su lectura no permanecerás indiferente.
Una poderosa fuerza y los medios de comunicación se confabulan para distraerte, porque la historia universal está plagada de plagios y mentiras.
Hoy sabemos con certeza que Thomas Alba Edison no inventó el foco, ni fueron las patentes de Guglielmo Marconi las que derivaron el descubrimiento de la radio. Graham Bell no inventó el teléfono y Tomaso Albinoni no escribió su famoso Adagio. No existió el barco norteamericano que supuestamente atacaron los vietnamitas, y que se utilizó como mentira mediática para librar una guerra absurda, así como tampoco existieron las pretendidas armas biológicas que sirvieron cual excusa para invadir Irak. Einstein no fue el auténtico creador de la teoría de la relatividad, Cristóbal Colón no descubrió por primera vez América, y los palestinos siempre fueron buenos hermanos de los auténticos judíos, muy lejos de ser sus verdaderos enemigos.
Se suele decir que la realidad supera la ficción. ¿Dónde empieza la ciencia y dónde acaba la ficción? En las páginas contenidas en este libro el lector deberá
estar muy atento, ya que la línea divisoria está irremediablemente desdibujada, como lógica consecuencia de pretender investigar entre líneas, los hechos que en la historia de la humanidad en realidad se han suscitado.
Esta novela podrá gustarte, posiblemente la odies, pero después de su lectura no permanecerás indiferente.


