Esta es la historia de un perro que habla y llega a tener cierto éxito en la política. Las habilidades de Sibilino son fantásticas en el sentido literal, y mezcla lo bello del amor con lo maquiavélico de la política. Entre la ternura con la que trata a sus hijos y la inteligencia con la que soluciona problemas políticos, Sibilino triunfa en un mundo de inmenso desamor y escasa cordura política. Es una fábula con tonos de fantasía. Aunque la vida de Sibilino transcurre en Argentina, el pueblo en el que se desarrolla la mayoría de la acción podría estar situado en Colombia o en México, en Chile o en España. El fundamento del pensamiento canino de Sibilino se mezcla en forma profunda con una filosofía que bien podría considerarse superior al pensamiento humano actual. La presencia de seres espirituales que tradicionalmente se han considerado enigmáticos, se vuelve un tanto real y simple de entender por las forma en que Sibilino se relaciona con estos seres. Se podría decir que si Walter Elías Disney hubiera conocido a Sibilino, muy posiblemente hubieran concertado la creación de un mundo dentro del marco de la creatividad de Sibilino, con un punto de vista amplio sobre el respeto a la práctica de las creencias religiosas diversas, al igual que sobre la sublimación de la política, con un tercer paralelismo del entendimiento simplista de la naturaleza espiritual del hombre y del perro. Desde el amor turbulento de Garcilaso de la Vega, el de Toledo, por allá en los tiempos en que América apenas nacía para los europeos, avanzando más de un siglo por la demencia del amor de Miguel de Cervantes, nos encontramos con el trétrico amor de José Asunción Silva, y luego con el confuso amor de Amado Nervo. Más tarde, nos sorprende el violento amor de Gabriel García Márquez. Así llegamos al filosófico amor de Sibilino.
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