José Dolores es un hombre discapacitado que nace en 1909 en un pueblo de Colombia llamado Zapatoca. En los comienzos de su vida lo agobian las estrecheces y limitaciones económicas. Tiene una madre que lo era todo en su vida, pero ella muere cuando el niño tenía 10 años. El padre, mujeriego y avaro, tacaño, pero ambicioso, jamás le brinda apoyo alguno. Su limitación física radica en sus ojos, uno de los cuales tiene casi perdido por las cataratas y el otro está disminuido en un 80 por ciento. Su visibilidad es precaria. A la muerte de la madre y por las dificultades visuales para el estudio hacia los años 1925, decide por su cuenta aprender a tocar la flauta de manera empírica y en cuya actividad percibe algunas ganancias que, ahorradas, le van formando un espíritu aventurero que lo conduce a salir de su pueblo natal hacia Bogotá. Su partida, a pie, o a lomo de mula, es bastante azarosa. Pero la música es su sustento por los pueblos por donde pasa. Su viaje es un recorrido por la Colombia de la mitad del siglo 20, violenta, abandonada y corrupta, en la que aparecen grupos de maleantes que dejó la llamada guerra de los mil días. Durante su periplo, a pesar de su invalidez visual que suple con la música, inicia sus primeros escarceos amorosos y el gran sentido musical le permite financiar un viaje, con altibajos y vicisitudes. en seis meses, no obstante ser una distancia de 300 kilómetros. En Bogotá acude a un pariente que lo apoya y logra entrar al Instituto de ciegos, donde perfecciona su música, aprendiendo a interpretar el violín. Se convierte en un músico de buena calidad, pero el licor y otros vicios lo conducen a sufrir enfermedades que lo obligan a salir de Bogotá, por su desprestigio con su vida licenciosa. Viaja a una zona rural donde viven familiares y allí se enamora de quien sería su esposa. Una mujer acomodada, sumisa y noble. Perseguida en su noviazgo por su familia pues estaba destinada por esta a convertirse en monja. Jamás aprobarían que esta mujer fuera a contraer matrimonio con un medio ciego y sin dinero ni porvenir. Sin embargo, el amor todo lo puede. Se fuga del convento. Se casan a escondidas, sorteando grandes aventuras. Consigue un cargo público oficial por influencias de su pariente en la capital, no obstante su casi completa ceguera. Su mujer lo auxilia en sus funciones y aun así un funcionario corrupto les urde una trampa y el tuerto José Dolores termina en la cárcel. Al salir de la cárcel regresa a su puesto y es trasladado a otra ciudad, Tunja, en la cual el médico de la entidad lo hace operar y queda viendo en un sesenta por ciento, mejorando su calidad de vida. Pero el abuso con su vista, el licor y las trasnochadas musicales, hacen que la exitosa cirugía tenga un desastroso final y queda ciego. Es destituido del empleo. Se desorienta en su vida y acude al licor. En una de sus borracheras cambia el violín por un revolver. Parecía que su destino era el de poner fin a sus días. Había decidido suicidarse. Lo atropella el carro de la basura y el revólver se zafa de sus manos, es lanzado al aire y al caer se dispara La bala por la ventana del despacho del gobernador. Es detenido. Cae nuevamente en la cárcel por intento de homicidio contra la primera autoridad del Departamento. Estando en el panóptico de Tunja suceden los hechos del 9 de abril (el bogotazo por la muerte del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán) y por el levantamiento de los presos José Dolores aprovecha la revuelta con la ayuda de un compañero de cárcel para fugarse. Queda libre y se salva de una posible injusta condena.
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